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MACRI TUERCE EL BRAZO A LA CALLE E IMPONE LA REFORMA JUBILATORIA EN ARGENTINA

La oposición fracasa en su intento de frenar la ley del Gobierno con una protesta masiva y violenta frente al Congreso
*) Por Francisco Uranga | Buenos Aires.

Buenos Aires vivió este lunes horas de locura callejera. A pesar de la presión de la oposición, el parlamento argentino aprobó la polémica reforma del sistema de jubilaciones que impulsaba el presidente Mauricio Macri. Fueron 128 votos a favor y 116 en contra. En la plaza que está frente al Congreso se congregó una multitud que protestó en forma violenta y fue reprimida con dureza por la policía. El enfrentamiento dejó un saldo más de 160 heridos — 88 policías— y 60 detenidos, el espacio público destruido y un conflicto social latente que promete agudizarse.

Una mitad de la plaza parecía el comienzo de una insurrección; la otra, un festejo popular. En la parte más cercana al vallado predominaban las agrupaciones de izquierda y había pedradas y corridas, a las que la policía respondía con balas de goma y con carros hidrantes. En la más alejada se encontraban las organizaciones peronistas y había bombos, cantitos, trompetas y hasta sombrillas para el sol. “Cuando salí del subte vi mucha gente, me puso contenta. Pero cuando me acerqué más allá vi demasiada violencia de nuestro lado. Pero también entiendo que es una violencia generada por el otro lado”, opinó Adriana Selmoglio, dueña de un puesto de periódicos. Ella estaba en la mitad más tranquila de la plaza. “Hay gente que se atreve a la violencia y hay otros que, como yo, creemos que manifestarse masivamente, pacíficamente, también logra su efecto. Pero bueno, no todos estamos sufriendo este ajuste de la misma manera”, completó.

A pocos metros, un joven con dos piedras en las manos, gorra y pañuelo rojo que le tapaba la cara esperaba la oportunidad para lanzar el ataque contra la policía. “La idea es armar quilombo [lío] para que se suspenda la sesión, se retracten y la ley no se vote”, explicó. Se negó a dar su nombre. Aunque se considera más pacífica, Selmoglio fue más lejos: “Si se aprueba la ley, el pueblo tendrá que manifestarse otra vez. Todas las veces que sea necesario hasta que se vayan o caiga la ley”.

El enfrentamiento tuvo momentos de alta agresividad, que incluso llevó a que la policía tuviera que retroceder frente al avance de las agrupaciones de izquierda. Pero estuvo muy lejos de ser una situación incontrolable. “Eso se llama golpe de Estado”, lanzó en el recinto la diputada Elisa Carrió, una de las espadas legislativas del oficialismo. La afirmación es al menos exagerada. Pero también era desproporcionado el nivel de violencia de la calle, si se tiene en cuenta el tipo de reforma que promovía el Gobierno.

La reforma previsional no es estrictamente un ajuste, como denuncia la oposición, sino un cambio en el cálculo de actualización de las pensiones. Con una inflación de más del 20% anual, los ingresos de los jubilados deben ajustarse periódicamente y lo que busca la reforma es modificar el método de cálculo. La fórmula actual se basa en el nivel de recaudación de impuestos y la evolución de la masa salarial; la reforma propone que se haga en función del índice de inflación y el promedio de los salarios de los trabajadores en relación de dependencia. El nuevo método provocará que el alza de las jubilaciones sea menor el año próximo, aunque por encima del aumento del costo de vida.

La violencia se adueña de las calles

La violencia dividió las aguas en la calle. Una señora con pechera de Unidad Ciudadana, el partido de la expresidenta Cristina Fernandez de Kirchner, censuró a un militante de izquierda que rompía las baldosas con una barra. “Son enviados por los servicios de inteligencia. Nos advirtieron de que iban a pagar a gente de la villa para que viniera a hacer problemas”, aseguró convencida antes de irse asustada por el avance de la policía. A lo largo de las más de seis horas que duró la protesta, los manifestantes rompieron bancos de cemento, baldosas y monumentos para hacerse de piedras que lanzaron a la policía. Los manifestantes también atacaron con palos, bolas de vidrio, tuercas, rulemanes y hasta bombas molotov.

El ambiente era tenso en el centro porteño, pero no era solo por culpa de la policía y los manifestantes. Mientras el sindicato de empleados estatales, ATE, se alejaba de la plaza, disconforme con la tónica que habían tomado los enfrentamientos con la policía, un vecino lanzó por la ventana desde varios de altura una botella sobre la columna que avanzaba por calle Perón. Los trabajadores pasaban rápido, protegiéndose con mochilas sobre la cabeza y lanzando insultos hacia los balcones.

En primera la línea de fuego, Ángel Paz, veterano de la guerra de Malvinas, sufrió el impacto de las balas de goma en la espalda. Él asegura que está en contra de la violencia y estaba tratando de calmar a los manifestantes cuando le dispararon en la espalda. “Estamos en contra de la reforma previsional y tributaria de este Gobierno. Venimos a reclamar porque vamos a salir perjudicados los veteranos de guerra, los jubilados actuales y los futuros. Nosotros pusimos el pecho en Malvinas, tal vez estos no saben lo que es defender la patria”, se quejó mientras desplegaba una gran bandera que rezaba: “Las Malvinas son argentinas”.

El Gobierno logró imponer la reforma del sistema previsional, un objetivo en el que había fracasado el jueves pasado. Durante el primer intento, además de las protestas en la puerta del Parlamento hubo peleas entre los legisladores dentro de la Cámara de Diputados, lo que llevó a que se suspendiera la sesión. Esta vez no hubo violencia dentro del recinto, pero la situación en la calle fue más grave, según los oficiales de la policía que custodiaban el vallado. Uno de ellos, herido en el cuello, se quejó de que esta vez se hubieran usado menos gases lacrimógenos, lo que hizo que, según su lectura, la represión de la protesta fuera más difícil.

“Nunca seré policía”

El odio y los prejuicios con la policía se sintieron en toda la jornada. Desde carteles pegados en las paredes con mensajes del tipo: “Nunca seré policía”, hasta las agresiones directas. Cuando un policía cayó herido, un joven gritó a su lado: “No lo atiendan, dejen que se desangre”. Acto seguido comenzó a cantar: “Las balas que nos tiran les van a volver”. ““Burro, ignorante. ¿Por qué no estudiaste, papá?. Si hubieras ido a la escuela estarías acá, no de aquel lado, boludo, obedeciendo órdenes”, increpó otro hombre a un oficial que estaba del otro lado de las rejas. “Son los mismos del caso Maldonado. Además, sonríen mientras reprimen. Yo creo que no pasan una rinoscopia. Y si no están drogados, son sádicos”, aseguró Ricardo Pérez, empleado estatal.

Sentado sobre un cesto de basura que había sido tumbado durante las protestas, Ricardo Ferris miraba lo que pasaba con un diario bajo el brazo. Se levantó la camiseta para mostrar un amplio hematoma en el abdomen. Se lo había provocado una bala de goma en la marcha del jueves. “¿Sabés lo que es llorar de hambre? Yo lo he visto, yo lo he visto: llorar de hambre. Yo también he llorado de hambre. Ahora tengo que acompañar a mis hermanos, no importa que me caguen a palos”, enfatizó Ferris. Él es uno de los pocos jubilados que se vieron en la manifestación y cobra la mínima, $7.246 [350 euros].

El tratamiento de esta ley era la batalla legislativa más dura que debía enfrentar Macri antes de fin de año. Para 2018 le espera otro escollo difícil de sortear: la flexibilización laboral. El oficialismo ha sabido manejar un delicado equilibro en las negociaciones con los gobernadores que le ha permitido construir el consenso para avanzar con la ley previsional y espera repetir la fórmula en el futuro. Ese acuerdo llevó a que una la diputada kirchnerista Emilia Soria tildara a los mandatarios provinciales como “las prostitutas de Macri”.

Sobre las 20 horas el ambiente en la plaza de los Dos Congresos era de derrota. Macri había triunfado; la calle había perdido. Los alrededores del parlamento estaban en ruinas. El presidente apostó fuerte y viene ganando, por ahora. Por la noche hubo cacerolazos en varias ciudades del país contra la reforma. Incluso en barrios tan poco kirchneristas como Palermo se escucharon los repiqueteos de las cacerolas. Para el martes está anunciada una huelga general. “Los movimientos sociales ya salieron a la calle, ahora no los van a parar. Deberían haberse manejado con más cuidado”, auguró Claudio Martínez, uno de los manifestantes que quedaban a esa hora.

Fuente: http://www.diezsudacas .com/macri-tuerce-brazo-la- calle-e-impone-la-reforma- jubilatoria-argentina/






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