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La defensa de mamarrachos económicos en plena campaña. Por Carlos Pagni

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 Delso y De Vido iniciaron su relación hablando del "tren bala", otro disparate del ministro ágrafo. Isolux debía entenderse con la francesa Alstom: había que compensar al gobierno de Jacques Chirac por la expropiación de Aguas Argentinas. Pero Néstor Kirchner, un líder estilo Moe, que se fascinaba haciendo pelear a sus subordinados, quitó el expediente a De Vido y se lo entregó a Ricardo Jaime. Delso ignoraba quién era Jaime. Aunque un domingo por la mañana alguien tocó el timbre de su casa, en Madrid, reclamándole un millón de euros para el martes. Habría sido Manuel Vázquez, el asesor del secretario de Transporte. Habladurías. Lo concreto: ahora había que compensar a Delso. Así Isolux ganó la central de Río Turbio.
Delso se enamoró de la Argentina. Leyó a Borges y se volvió, como buen hijo de un suboficial peninsular, en un experto en la Guerra de las Malvinas. Pero con De Vido hablaba de otros temas. El Ministro disfrutó del empresario como anfitrión, en especial después de aquella navegación por el Mediterráneo en el Azul Cortés, la espléndida goleta turca que Delso, en la caída, malvendió. Los ejecutivos locales de Isolux solían jugar al fútbol con la mano derecha de De Vido, Roberto Baratta, para quien Stornelli también pidió la detención. Baratta no goza de la coraza de los fueros. Es un malquerido. Como Boudou, como Jaime. Además del poder, el kirchnerismo concentró la impunidad.
La caída de Isolux es un problema para Macri. La empresa estuvo a cargo de las centrales termoeléctricas Ensenada Barragán y General López. Costaron más de U$S 2.000 millones, entre un 50% o 70% más que el valor de centrales similares. Es la valuación de "El estado del Estado", el balance de la herencia recibida que publicó el Gobierno actual. Fue una señal de independencia, porque en Barragán y López, además de Isolux, participó Iecsa, la empresa de Ángelo Calcaterra, que según Cristina Kirchner siempre fue de Franco Macri. Ahora es de Marcelo Mindlin.
Otra curiosidad; la misma administración que formula esos reproches adjudicó a Isolux, asociada a Field Fare, la generación de 100 megavatios de energía fotovoltaica en el proyecto jujeño de la Puna. Field Fare es liderada por el español Vicente López-Ibor, que tuvo un trato preferencial durante el viaje del Presidente a Madrid.
Además de intervenir en obras de energía nuclear, Isolux es una de las encargadas de construir el Paseo del Bajo, en la ciudad. Otro tramo se lo adjudicó Iecsa, cuando todavía era de Calcaterra. Isolux puede convertirse en una mini-Odebrecht. Una vez que los bancos se hicieron cargo de la empresa, removieron a la cúpula local e iniciaron una investigación por presunta corrupción. El CEO de Delso, Juan Carlos de Goycoechea, reaccionó con una querella penal, alegando que se le falsificó la firma. Además, está en tela de juicio la continuidad de los trabajos. ¿Habrá, como en el soterramiento del Sarmiento, quien compre los contratos de Isolux? ¿O alguien adquirirá la propia empresa? En el mercado se menciona Socma, la empresa de los Macri. Pero allí dicen que no les interesan ni Isolux ni sus contratos, sobre todo por temor al conflicto de intereses.
La imputación de Stornelli, y su pedido de desafuero para que el juez Luis Rodríguez detenga a De Vido, conmueve la campaña electoral. Sergio Massa estaría por presentar un proyecto para dejar a De Vido a la intemperie. Kirchner fue un visionario: obligó a Massa a debutar como jefe de Gabinete sacándose una foto con Jaime y con De Vido. No alcanzó. De todos modos, ¿de qué sirve el desafuero si Rodríguez, que estuvo años subordinado al kirchnerismo, no resuelve capturarlo? En la Casa Rosada, donde a Massa se lo detesta más que a la señora de Kirchner, alegan que su iniciativa sería una sobreactuación para disimular las reticencias a aprobar el artículo 37 de la ley que penaliza a las personas jurídicas. Es la cláusula que permitiría al Poder Ejecutivo, los fiscales y la Auditoría General revisar los contratos contaminados por la corrupción. En el bloque de Massa alegan que es inconstitucional. En el de Cambiemos, insidiosos, sostienen que Massa teme algún rasguño por el contrato Paraná de las Palmas, entre Odebrecht y AySA. A falta de una justicia creíble, el Lava Jato en la Argentina es sustituido por la mancha venenosa.
Mientras tanto, De Vido se suma a los kirchneristas que cambian de aspecto. Como Aníbal Fernández, Boudou o Kunkel, se dejó la barba. No están por subir a Sierra Maestra. Tampoco huyen de la policía, como en los tiempos de la clandestinidad. Sus barbas son un fuero defectuoso. Temen ser reconocidos. Huyen de la gente.







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